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domingo, 1 de dezembro de 2013

Autopoiese e conhecimento



A 40 años de la autopoiesis de Maturana, el concepto más revolucionario de la ciencia chilena a nivel mundial

El alcance de éste se estudia en medicina, educación, filosofía y psicología cognitiva. Maturana partió con la biología molecular, pasó al sistema nervioso y luego siguió con la biología del conocimiento y el lenguaje. Hoy, afirma que los humanos somos seres donde la biología y la cultura son "autopoiéticas". Durante los últimos 50 años el biólogo sistémico ha dedicado su tiempo a comprender el conocimiento y el entendimiento humano.


maturana
Humberto Maturana

Hace más de 50 años, Humberto Maturana era un joven biólogo que comenzaba a hacer clases en el ex Instituto de Ciencias, hoy Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile. Entonces tenía poco más de 30 años y ya lo obsesionaba intentar dar respuesta a preguntas imposibles, o imposibles para quienes no buscan afanosamente encontrar respuestas. En sus propias palabras recuerda: “Yo me creía capaz de responder todas las preguntas, pero hubo una que me hizo un alumno en 1960 que no supe responder”. En esa clase Maturana estaba hablando de los primeros seres vivos en el mundo y calculó que la vida había comenzado hacía 2.800 millones de años. Entonces el alumno preguntó: “¿Que comienza hace 2.800 millones de años, de modo que usted me dice ahora que los seres vivos comenzaron entonces?

Maturana se quedó en silencio, después de unos segundos respondió: “No lo sé, pero si usted vuelve a mi clase el próximo año le voy a proponer una respuesta”. Si el alumno volvió o no a la clase nadie lo recuerda, pero a partir de ese momento la búsqueda de la respuesta se convirtió en su tema. Se hizo biólogo sistémico, con su ex discípulo Francisco Varela formó una de las duplas científicas chilenas que más ha aportado al conocimiento mundial, escribió varios cientos de papers y ha dado miles de horas en charlas, clases y simposios. Los resultados de sus estudios se han aplicado a la biología, la medicina, la educación, la filosofía y la psicología cognitiva.

No obstante todo ello, hubo un solo concepto que dio el punto de partida. Un concepto que hoy cumple 40 años y por el cual este viernes el profesor Maturana será homenajeado en el marco de un seminario internacional organizado por el Instituto de Filosofía y Ciencias de la Complejidad (IFICC): la autopoiesis.


Del Quijote a la autopoiesis


Francisco Varela
Francisco Varela


Antes de intentar explicar la autopoiesis –que a modo de introducción sería necesario señalar que es un término que no ha conocido límites de aplicación–, habría que contar cómo fue que Maturana ya siendo un próspero científico progresista –a mediados de los 60– aceptó a un joven discípulo para crear junto a él el primer libro en que se habla de sistemas autopoiéticos, De máquinas y seres vivos.

“Francisco Varela fue alumno mío en el Instituto de Ciencias, enviado por un profesor de la Católica. Tenía 20 años y estaba estudiando medicina y yo lo entrevisté. Fue en el curso de una conversación larga. Yo no tenía preestablecido lo que iba a ser. La conversación fue sobre sus intereses. Tenía intereses filosóficos, pero estaba estudiando medicina, tenía intereses políticos. En algún momento, yo le pregunto: ‘¿Bueno, pero qué te interesa en la vida?’”

“Y él me dice: ´Quiero entender el psiquismo en el universo’”.
“‘Humm…, bien, bienvenido’ y lo acepté. ¿Y por qué lo hice? Yo creo porque me gustó la audacia de quien quiere estudiar el psiquismo en el universo”. 

Con este estudiante, que rápidamente dejó la medicina, Maturana comenzó a madurar la respuesta sobre el origen de los seres vivos que casi 10 años antes le había hecho el otro estudiante. Sentía que ya tenía la respuesta, pero le faltaba el concepto. Como su especialidad es la biología sistémica, el biólogo aventuró su teoría en términos moleculares. “Los seres vivos son sistemas de dinámicas cíclicas, cerradas en sí mismas, como redes de autoproducción de los componentes moleculares que las constituyen”. En palabras simples, sería algo así como que los seres vivos se hacen a sí mismos, se autoproducen, que el resultado de estos sistemas cíclicos de producción molecular es el mismo ser vivo. Hoy, es probable que esto no constituya novedad, pero hace 40 años fue toda una revolución, porque se propuso dejar de pensar en la función de los órganos (la preocupación científica de esos días) para concentrarse en el resultado del proceso molecular. Esta aventura, originalmente biológica, alcanzó ribetes entonces insospechados, que llevó al biólogo a otro mundo, para nada menos complejo: el conocimiento, el entendimiento humano.

Mientras Varela pensaba que era necesario formalizar la teoría, es decir, darle validez mediante un razonamiento matemático, a Maturana se le cruza este conocimiento con lo que ya había empezado a ver en el sistema nervioso, que también eran procesos cerrados internos. Y se le viene una nueva gran pregunta. Y si el sistema nervioso es un sistema cíclico de producción molecular que se autoproduce, ¿qué pasa con la percepción?, ¿son los elementos externos los percibidos o es la experiencia, lo que le pasa a uno, lo que le da el sentido?

Mientras, el concepto que finalmente terminó por definir el proceso nació de una conversación anecdótica con un literato, Juan de Dios Bulnes. “Él me contó que su tesis había sido sobre el dilema del Quijote, que era si debía dedicarse a la producción (poiesis) de cuentos de caballería o a la praxis, la caballería misma. Ésa es la palabra que yo necesito, me dije,  ’poiesis’, porque lo seres vivos se producen a sí mismos. ¡Autopoiesis! Y así creé una palabra griega legítima”.

La biología del conocer

¿Si los seres vivos son sistemas cíclicos cerrados que se autoproducen y el sistema nervioso lo es asimismo también, qué es lo que nos hace entender las cosas, qué hace que la gente pueda convivir, si la percepción no depende tanto de lo que está afuera sino de lo que ocurre en nuestro interior? Para dar una respuesta a esta pregunta, que aún siendo lógica deja abierta muchas más interrogantes, Maturana recurre a un ejemplo sencillo para explicar la percepción, y cómo todo finalmente se arma en el lenguaje.  Nuestros ojos, explica, nuestra retina, no percibe la misma composición espectral de los colores. Está claro que frente a un color, que podría ser verde, no todos vemos la misma composición, pero todos lo llamamos igual. Entonces el color no se capta en la retina, se da en la experiencia, en la palabra.

“Todos ven verde, pero todos no ven el mismo verde. No sabemos lo que ven, eso es lo que no sabemos, pero todos le ponen el mismo nombre y si le ponen el mismo nombre quiere decir que ven lo mismo, porque resulta que el nombre no es lo que está allá, sino lo que le pasa a uno, entonces yo pude demostrar que la actividad en la retina se correlaciona con el nombre del color, no con la composición espectral del color”.

Esta función que se da en el lenguaje no responde a un conjunto de símbolos codificados mediante un consenso. Para Maturana lo fundamental es la acción del lenguaje y la interacción, es decir, la convivencia que se da en los seres humanos en el lenguaje. Y como se trata de una acción, no de un conjunto simbólico, el biólogo prefiere hablar de lenguajear.

ximena-humberto

 

La Matríztica y la biología cultural

De acuerdo a la lógica maturaniana, la convivencia que se da en el lenguaje entre los seres humanos es la clave para entender cómo la experiencia es la que nos va dirigiendo en la vida, según cada circunstancia. Para entender esta nueva conceptualización, el profesor acuñó el concepto de “deriva natural”, que se une a la evolución de la especies. Para el pensador, el vivir en convivencia y el conocer están siempre a la deriva, al igual que el navegante de un velero que ha perdido el motor de la nave, las velas y los remos y se encuentra a merced de las corrientes. “Los organismos realizan su vivir en la tangente que va apareciendo momento a momento en el deslizarse en un entorno sin que ellos sepan para dónde van”. La sobrevivencia en el ejemplo, entonces, tiene que ver con las decisiones que se toman sobre la base de las experiencias. De modo que si está a la deriva, pero conoce la dirección y velocidad que toman las corrientes, podría calcular la hora y el destino.

Esas experiencias, bajo la misma lógica, están determinadas por la emoción. En este punto el conocimiento se vuelve también autopoiético, y aunque si bien la autopoiesis define un concepto de producción molecular, también sirve para identificar que los seres humanos, en tanto personas, vale decir, individualidades que se relacionan a través del lenguaje y que conviven en la deriva natural, constituyen un todo compuesto de biología con cultura.

Hablar de que los seres humanos somos biológicos y culturales parece una obviedad tremenda, por eso es que Maturana elimina el “y”, y sostiene que las personas somos seres “biológicosculturales” indivisibles, así como la biología y la química es bioquímica.

Esta reflexión es el fundamento de la Matríztica, el instituto que el doctor Maturana ha levantado junto a Ximena Dávila, también discípula, para investigar la matriz biológico-cultural de la existencia humana. La propuesta del instituto es explicar las experiencias desde las experiencias, como un hacer propio del modo de vivir humano (cultura) en un fluir en el entrelazamiento del lenguajear y el emocionar (conversar), que es donde sucede todo lo humano.

quarta-feira, 9 de outubro de 2013

Epistemologia da Saúde


A busca da verdade no campo científico da saúde

 

Inicio este debate com fragmentos de um editorial escrito em 2004 pelo Dr. Atallah, Diretor do Centro Cochrane no Brasil: "reduzindo-se as incertezas sobre a efetividade e segurança em cada intervenção em saúde, podem-se calcular os custos e os benefícios de cada opção, verificar sua eficiência e transformar esses conhecimentos para que diretrizes clínicas possam ser implementadas. Todo [esse] processo, (...) requer pesquisas científicas rigorosas multidisciplinares, que incluem, além das disciplinas já citadas, a psicologia, a economia, a antropologia, a estatística, a sociologia etc, pois está em jogo a qualidade de vida e o bem comum. Para isso, é preciso não subestimar a importância do que não se conhece, conhecer e ampliar os horizontes sobre o que é relevante e não perder a noção do todo nem dos objetivos da ciência médica"1.
Em seguida, trago para reflexão um texto de Fernando Pessoa que ressalta a complexidade das questões humanas: "Encontrei hoje em ruas, separadamente, dois amigos meus que se haviam zangado. Cada um me contou a narrativa de porque tinham se zangado. Cada um disse a verdade. Cada um me contou as suas razões. Ambos tinham razão. Não era que um via uma coisa e o outro, outra, ou um via um lado das coisas e o outro, um lado diferente. Não: cada um via as coisas exatamente como se haviam passado, cada um as via com um critério idêntico um do outro. Mas cada um via uma coisa diferente, e cada um, portanto, tinha razão. Fiquei confuso a respeito desta dupla existência da verdade"2.
Teoricamente, a reflexão do Dr. Atallah converge com a de Fernando Pessoa e do que dizem os autores deste artigo de debate quando advogam contra o reducionismo científico na área da saúde. Atallah define a "saúde baseada em evidência" como apenas uma forma de diminuir as incertezas dos diagnósticos e intervenções, a favor dos pacientes. E, sem dúvida, têm sido importantes os trabalhos de revisão da literatura que buscam o aprimoramento dos diagnósticos e das intervenções na área da saúde, o que vem ao encontro dos anseios de todos que queremos uma resposta segura e plausível quando alguma enfermidade nos acomete. Portanto, desmerecer esse esforço está fora de qualquer cogitação. Sobre o assunto tecerei quatro considerações.
(1) A primeira é a favor de uma ciência que valoriza a pluralidade dos sujeitos e das racionalidades, o que não deve ser apenas interna ao campo científico, mas abarcar outros saberes provenientes do conhecimento informal expresso na linguagem e na experiência cotidiana. Tal necessidade se fundamenta no fato de que o observador e o observado são partes integrantes do mesmo processo de temporalidades e causalidades múltiplas e simultâneas. Assim, não podemos acolher evidências aportadas pelos estudos biomédicos e clínicos como verdades acabadas, numa área em que a integralidade do sujeito, a intersubjetividade nas relações, a intercessão entre corpo e mente, a força das representações e o papel de vários outros fatores como religião, crenças e valores precisam ser realmente considerados3.
(2) O segundo ponto, diz respeito a questões epistemológicas. As mudanças sociais ocorridas dos últimos 50 anos levaram a maioria dos campos científicos a se questionar sobre sua racionalidade unívoca, o que se expressa na proliferação de uma semântica superlativa incorporada ao dicionário dos profissionais e investigadores: integralidade, interdisciplinaridade, interface, multidisciplinaridade, interprofissionalidade, multiprofissionalidade, transdisciplinaridade, interrelações, interinstitucionalidade e muitos outros. Esse movimento da linguagem sugere uma inquietação e busca de análises e atuações mais abrangentes e interconectadas e reflete a impropriedade das propostas unidirecionais e unívocas4. Tais problemas vêm sendo tratados por muitos autores de renome internacional, dos quais cito, a título de exemplo, Ilya Prigogine, Henri Atlan e Edgar Morin.
Em "O fim da certeza" Prigonine5 fala da contemporânea transição da humanidade e da ciência. Nessa ciência em transição, a noção de complexidade conduz a uma nova racionalidade que supera os determinismos e a ideia de que o porvir já está ou pode ser definido. Prigogine mostra que a ideia de crise e incertezas passou a ser uma característica contemporânea nos estudos sobre os sistemas vivos. O destino dos viventes, lembra o autor, é feito por escolhas a partir de "bifurcações" (de possibilidades que se abrem) causadas por essas crises. A ultrapassagem da racionalidade clássica, diz Prigogine, aproxima a teoria da complexidade muito mais da China e da Índia do que dos tradicionais teóricos da ciência que insistem sobre regularidades, estabilidade, equilíbrio e dualismo entre o mundo dos números e o dos fenômenos. Na visão de Prigogine, por mais que se busque a redução das incertezas, elas persistem como uma condicionalidade de nosso tempo.
Atlan6 conseguiu comprovar que, em certas circunstâncias, é justamente o ruído (o caos, a desordem) que introduz uma novidade nos sistemas vivos, permitindo que eles se adaptem às mutáveis situações do ambiente e, nessa condição, possam melhorar seu desempenho e ganhar mais complexidade. Mas, o dinamismo da autoorganização não acontece sempre positivamente, pois o sistema vivo, em determinadas condições, pode involuir. Traduzindo este pensamento para a questão da saúde, uma evidência científica médica pode se beneficiar de interações positivas entre o profissional e o paciente, o ambiente familiar do doente ou da organização de uma unidade de saúde7. Mas também pode ser prejudicada por um contexto sociocultural e institucional adverso.
Edgard Morin8 também critica a visão cartesiana do mundo e propugna uma nova forma de olhar, pesquisar e atuar frente à realidade. O autor define o que chama de "inteligência cega": inteligência parcelada, compartimentalizada, mecanicista, disjuntiva, reducionista, que destrói a complexidade do mundo em fragmentos distintos, fraciona os problemas, separa o que está unido, unidimensionaliza o multidimensional.
(3) O terceiro ponto a ser ressaltado é de ordem filosófica, fundamentada em autores que mostram ser impossível atingir a verdade absoluta, mesmo quando se faça uso de múltiplas abordagens teóricas e metodológicas. Isso porque nunca a compreensão dos fatos é originariamente e contextualmente total. Heidegger9 nos convida a exercitar incansavelmente a compreensão sobre as experiências e as vivências, dizendo que essa tarefa nos torna humanos. Esse autor ressalta que a facticidade da vida e do ser-nomundo não é uma "coisa em si mesma", e sim, um processo reflexivo de natureza parcial e inacabada, uma vez que ontologicamente os indivíduos se encontram reciprocamente eviscerados no velamento e no desvelamento dos acontecimentos. Assim o entendimento não se esgota nem na subjetividade nem na objetivação, uma vez que está envolto irremediavelmente na verdade e na não verdade. Isso acontece mesmo usando-se os procedimentos científicos mais exigentes. Heidegger chama atenção para o que, posteriormente, foi aprofundado por Gadamer10 sobre o "compreender" que é muito mais do que uma técnica: é o exercício humano de quem se coloca no lugar do outro.
Todos esses filósofos ressaltam também que qualquer processo de interação entre pessoas aponta tanto para o entendimento como para o desentendimento. Habermas11, em diálogo com Gadamer, sublinha que o velamento não ocorre apenas no ato inaugural da inter-relação humana, mas está também na intransparência da linguagem que vem das diferenças sociais e dos interesses de cada ator social em comunicação.
(4) Como consequência desse terceiro ponto, deve-se ressaltar as dificuldades que tais problemas filosóficos trazem para a aplicação dos métodos científicos. Os temas que tratam dos seres humanos - e de sua saúde - atravessam vários campos, cada vez mais especializados e cientes de suas descobertas, teorias, técnicas e propósitos específicos. Trabalhar com fragmentos desse conjunto de conhecimentos teóricos e metodológicos não é fácil. São ainda frágeis as estratégias para atingirmos o que Bertallanfy12 sugere: que abandonemos a ideia de disciplinas e foquemos em totalidades constituídas ao interior da organização dos fenômenos, para que a compreensão dos sistemas vivos e complexos seja alcançada sem reducionismo, sem transferência ingênua de conceitos, sem buscar semelhanças superficiais e transposição de modelos.
Referências
1. Atallah NA. Incerteza, a ciência e a evidência. Diagn. tratamento 2004;9(1):27-28.      [ Links ]
2. Pessoa F. Livro do Desassossego. Lisboa: Assírio & Alvim; 2006. (Coleção Obras de Fernando Pessoa)         [ Links ]
3. Minayo MCS. Estrutura e sujeito, determinismo e protagonismo histórico: uma reflexão sobre a práxis da saúde coletiva. Cien Saude Colet 2001;6(1):7-19.         
4. Minayo MCS. Da inteligência parcial ao pensamento complexo: desafios da ciência e da sociedade contemporânea. Política & Sociedade 2011;10(19):41-56. 
5. Prigogine I. O fim da certeza. In: Mendes C, Larreta E, organizadores. Representação e Complexidade. Rio de Janeiro: Editora Garamond; 2003. p. 47-68.       
6. Atlan H. Entre le cristal et la fumée. Essai sur l'organisation Du vivant. Paris: Seuil; 1979.        
7. Aleksandrowicz AMC. Participação e integração: o ponto de vista das teorias da auto-organização. Cien Saude Colet 2009;14(Supl.1):1609-1618.       
8. Morin E. A necessidade de um pensamento complexo. In: Mendes C, Larreta E, organizadores. Representação e Complexidade. Rio de Janeiro: Editora Garamond; 2003. p. 69-78.  
9. Heidegger M. Ser e tempo. Petrópolis: Editora Vozes; 1988.        
10. Gadamer HG. Verdade e Método. Petrópolis: Editora Vozes; 1999.       
11. Habermas J. Dialética e hermenêutica. Porto Alegre: Editora L± 1987. 
12. Bertalanfy L. Teoria Geral dos Sistemas. Petrópolis: Editora Vozes; 1972.